viernes, 24 de febrero de 2012

CORRUPCION ALERTA


La oposición argentina culpa a la corrupción de la tragedia ferroviaria

El Gobierno se presenta como causa pero no retira la concesión del tren

Cuatro auditorías advertían de que la empresa concesionaria no cumplía los requisitos básicos de seguridad y mantenimiento

Se veía venir. Esa ha sido la frase más repetida este jueves entre los congresistas de la oposición argentina. Apenas habían pasado seis meses desde que el 11 de septiembre de 2011 muriesen 11 personas y resultasen heridas 212. Se trataba de la misma línea donde el miércoles murieron 50 viajeros. La Auditoría General de la Nación había emitido desde 2002 a 2008 cuatro informes en los que advertía que la empresa concesionaria Trenes de Buenos Aires (TBA) no cumplía los requisitos básicos en materia de seguridad y mantenimiento. A raíz del accidente, varios dirigentes del sindicato peronista Confederación General del Trabajo (CGT) han pedido la rescisión del contrato a TBA. Unos han reclamado la nacionalización de los trenes y otros un mayor control sobre las sustanciosas subvenciones recibidas por una empresa que gestiona esa línea desde 1995, cuando gobernaba Carlos Ménem.
El Gobierno sin embargo, ha determinado no dar un paso antes de que se pronuncie la justicia. En una comparecencia pública sin derecho a preguntas, el ministro de Planificación, Julio de Vido, ha anunciado que la presidenta había ordenado que el Estado se presentase como querellante en la causa judicial que investiga el accidente. “Acá no se presentan esquemas de protección para nadie”, ha señalado De Vido. La frase podría interpretarse como una clara alusión a los dueños de TBA, los hermanos Claudio y Mario Cirigliano, quienes han venido gozando de excelentes relaciones con todos los Gobiernos en Argentina desde 1995. Sin embargo, De Vido no ha anunciado la rescisión del contrato con TBA.
Menem le dio le golpe de gracia al ferrocarril, pero ni el fallecido presidente Néstor Kirchner ni su esposa, Cristina Fernández, ahora en el poder, hicieron nada para revertir la lamentable situación del servicio ferroviario, aun a pesar de que el malestar de los viajeros quedó en evidencia más de una vez con la quema de vagones e instalaciones.Los Kirchner no tuvieron problemas en renacionalizar Aerolíneas, ni Aguas Argentinas, y pese a ello ninguno de estos servicios mejoró notablemente. Con los ferrocarriles ni se lo plantearon con seriedad, prefirieron mantener el servicio en manos de empresarios amigos. Paradojas de la historia argentina, dos gobiernos peronistas de distinto signo le han dado la espalda a un sector, a un gremio, que jugó un papel fundamental en la defensa de Perón en aquel octubre de 1945, cuando la Unión Ferroviaria y la Fraternidad, los dos sindicatos más poderosos de entonces, se descamisaron por el general. La presidenta, aparte de pedir una enérgica investigación, debería tal vez acercarse a consolar los que perdieron a sus seres queridos en este desastre nacional.

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