jueves, 24 de noviembre de 2011

HISTORIAS DE MI INFANCIA


RECUERDOS DE MI INFANCIA (Carlos Basabe)
Los recuerdos más bonitos que tengo, o que más atesoro, son los recuerdos de mi infancia. Una infancia muy pobre pero muy feliz, de aquellas niñeces puebleras sin los peligros que hoy en día existen. Entre esos bellos recuerdos están sobre el año 1947 o 1948, la aparición de los billetes de cincuenta centavos, seguramente se preguntará que puede relacionar el dinero con la niñez. ¡Pués en aquellos años que Regina era un pueblo pequeño, no había tantos vehículos y la mayoría de los habitantes de las chacras se desplazaban en transportes tirados por caballos, en casa había un charret y un caballo que mi padre trajo desde Bernasconi (La Pampa) hasta Regina andando por caminos de tierra que en otro momento les contaré. Ese charret de dos ruedas, varas y arneses fueron parte de una herencia Pampeana y con el mi padre sabía ir arriba de la sierra (barda) a buscar leña de piquillín que por esos tiempos no escaseaba, para mitigar las noches y días de los largos inviernos.  Salíamos el sábado muy temprano y trepábamos por lo que se llama “la subida del carrizal” en Otto Krause, durante todo el sábado cortábamos las plantas desgajándolas, por la noche hacíamos un churrasco y dormíamos al raso o debajo del carro. El domingo temprano, se ataba el caballo y había que cargar todo muy prolijo formando una buena carga, salíamos y para bajar la cuesta del carrizal, mi padre trababa las dos ruedas para que no se desbarrancara el carro con caballo y leña, así llegábamos a casa con un buen cargamento.  Ese mismo carro sirvió como transporte de frutas y verduras que mi padre sabía incursionar cada tanto si no tenía otra cosa para hacer. No sé donde se proveía pero organizaba la venta ambulante de un día para otro y yo que con pocos años era el comodín de la familia, hacía de acompañante. Salíamos para el pueblo y los barrios y se ofrecía a voces la mercadería, cada tanto salían mujeres y deteníamos el carro.  Allí se reunían otras mujeres más y hacían sus compras.  Allí también conocí por primera vez los billetes de cincuenta centavos a los cuales les tenía un inmenso cariño, se veían nuevitos con olor a dinero que nos permitía comprar unos retazos de carne y apurar un buen guiso o un sabroso puchero. Don razones para aprender; “tomarle cariño al trabajo y al dinero que nos abre puertas de disfrute.

1 comentario:

EL REGINENSE dijo...

GRACIAS CARLITOS POR TENER SIEMPRE PRESENTE A VILLA REGINA Y ESCRIBIR ESTE ANECDOTARIO QUE RECUPERA LA DENOMINADA MEMORIA HISTÓRICA Y LO HACE EN "CANCHA PROPIA" Y EN GAYINERO ARGENTINO VUESTRO.
UN ABRAZO.
EL REGINENSE.