El humorista presenta "Otra Vez Sopa" en el Teatro Liceo.
CRÍTICA DE TEATRO Con su habitual análisis, duro, complejo, sin anestesia y con ese humor que lo hace tan único e incomparable, Enrique Pinti usa su nuevo espectáculo, "Otra Vez Sopa", para meternos en diferentes etapas del país y escruta, con la experiencia propia de su vida, páginas de la historia argentina. Calificación: Muy buena.
o que viene pregonando desde hace tiempo se instala y vuelve a instalarse siempre. Volvemos a tropezar con la misma piedra, tomamos el colectivo equivocado, ponemos en el escenario cotidiano las mismas diferencias, los mismos odios, las mismas antinomias que arrancaron desde la época de la colonia. Miramos al que no piensa como nosotros, al que no tiene los ojos celestes, al que luce piel mate o negra, a quien profesa otra idea religiosa, como ciudadanos de segunda o tercera categoría.
En lo más profundo de nuestro ser, aunque lo tapemos debajo de la alfombra, adoramos el orden establecido, sentimos nostalgia por algunos muchachos con botas puestas y creemos que a lo largo de nuestra bendita existencia seguimos siendo “derechos y humanos”.
Enrique Pinti tiene razón. Formamos parte, es verdad, de un país que es maravilloso en cuanto a extensión, recursos naturales y geográficos, bondades de terreno de todo tipo, toda la fauna y flora que podamos imaginarnos, envidiado desde el exterior por tener agua, principal preocupación de las potencias internacionales. Pero, lamentablemente, salvo honrosas excepciones, lo que falla es el relleno, es decir, nada más ni nada menos que nosotros, el componente humano.
Precisamente, en “Otra vez sopa”, el espectáculo unipersonal que el destacado actor, escritor, guionista y director acaba de dar a conocer en el teatro Liceo, es una suerte de resumen de nuestra historia con el agregado de lo que sucede puntualmente, en nuestros días.
Pinti, con su habitual análisis, duro, complejo, sin anestesia y con ese humor que lo hace tan único e incomparable, nos mete en diferentes etapas del país y escruta, con la experiencia propia de su vida y de la gente que lo rodea, páginas de historia que para los que la hemos vivido nos sentimos plenamente identificados y los que son más jóvenes tendrán la inmejorable oportunidad de tener una mirada nueva, donde el aporte estadístico nunca está exento de la comicidad.
Es que Enrique, a partir de “Salsa Criolla”, le dio al monólogo político una revalorización única y lo instaló en los escenarios como “género dramático”. Se convirtió, tal como lo definió la entonces revista norteamericana “Newsweek” en “la conciencia de la sociedad argentina”. Y Pinti siguió la escuela de Pepe Arias y Mario Fortuna en el emblemático escenario del teatro Maipo, pero desarrollando el monólogo con una operativa de teatro de texto, insistimos, sin parangón en la historia del entretenimiento, con la única excepción del inolvidable y querido Tato Bores.
El artista, con esta dinámica y exposición de revisión de historia y debate de actualidad es, en el espectáculo actual, una verdadera ave en extinción. No hay símil, por lo menos hasta ahora, no se avizora nadie que continúe este estilo en el firmamento del show.
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