viernes, 27 de noviembre de 2015

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GASTRO

Hay un bicho en mi plato, quiero más: llega la insectomanía

La insectomanía va a llegar. No se trata de ninguna profecía de un Fernando Arrabal enajenado, sino una apuesta plausible después de que el 28 de octubre elParlamento Europeo dijera sí a vender y comer insectos como parte de un nuevo marco legislativo en materia alimentaria. Una vez que la OMS se ha vestido de archienemiga del carrito de la compra y el brócoli ha vencido al beicon (sólo en los memes), llegaBruselas y nos pone en bandeja larvas, grillos y saltamontes. «Nos prohíben comer jamón y quieren que comamos gusanos. ¿Qué será lo siguiente?», se pregunta el personal en las redes. Pues abrir la mente, aguantar la náusea y no hacer ascos a sumar una materia prima más -aunque sea invertebrada- a nuestra dieta.
Lejos de ser una cosa de hipsters locos por alternar cupcakes con brochetas de polillas, la entomofagia o consumo de bichos es un hábito ancestral en muchos países del mundo. A los romanos les gustaba el ciervo volante, un escarabajo descomunal, y Aristóteles sentía predilección por la cigarra bien frita. Como ellos, unos 2.000 millones de personas, casi un tercio de la población del planeta, despachan a diario algunas de las 2.037 especies comestibles.

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