María Helena Ripetta
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Parece salido de un comic. Alto, corpulento, cara cuadrada. Podría ser "Boogie el aceitoso", el personaje de Fontanarrosa, pero en morocho. No es un asesino a sueldo, pero su vida podría contarse en una historieta, o en sus propios libros como hizo el mismo.
Dani el Rojo es un ex ladrón de bancos catalán, al que apodaron “el millonario”, un ex adicto a la cocaína y a la heroína, convive con el sida, tuvo cáncer de hígado y hoy es padre, marido, buen hijo, escritor, actor, no consume drogas, y es un ladrón retirado. Cumplió condena por 150 robos a bancos. “Ésos fueron los que me pudieron comprobar. A plata de hoy serian 60 millones de euros. Pero me lo gasté todo, me quedé sin un duro. El dinero fácil se va fácil”, dice Dani el Rojo durante una visita al diario “Crónica”, donde no pasa inadvertido con sus casi dos metros de altura, sus anteojos negros a toda hora, su andar seguro.
Su primer robo lo recuerda a los 8 o 9 años, cuando sus padres le daban dinero para ir a comprar cuaderno, y él se guardaba la plata y se lo llevaba sin pagar. Sus padres eran obreros que de chicos no habían ido a la escuela y habían pasado hambre, y eso le dieron a sus dos hijos: educación y comida.
“A mis padres no puedo más que darles las gracias por haberme traído a este mundo. Ellos no tienen nada que ver con mis 30 años de delincuencia. Mi hermano era un hombre ejemplar, era ingeniero, un buen hijo. Siempre me visitó en la cárcel. Si eres adicto y robas, tu destino es la cárcel o la tumba, si no asumes eso no seas delincuente. Los que verdaderamente sufren son los familiares cuando se está preso, y ellos no tienen nada que ver”, sostiene Dani el Rojo, que de grande recuperó la relación con sus padres y ahora viven con él.
Desde chico fue alto, lo que hacía que estuviera con gente más grande. Ya a los 15 años su papá lo echó de su casa por su adicción a las drogas. A los 16 años robó por primera vez un banco. “Te da adrenalina. Quería tener un buen auto, vivir con las comodidades a las que estaba acostumbrado. Y si seguía haciendo cuatro o cinco robos a tiendas diarios me iban a detener. Vengo de una familia empresaria, pensé dos más dos son cuatro, si quiero buena pasta tengo que robar un banco”, recuerda, y así empezó su seguidilla de robos a bancos por distintos países de Europa.
Fue “profesionalizando” su forma de robar hasta que llegó a hacerlo solo. Nunca lastimó a nadie. Tiene puñaladas en peleas con sus cómplices. “Querer hacer daño a alguien es de psicópata. Yo entraba, les decía que se queden tranquilos, que sólo quería el dinero de la caja, que no les iba a quitar sus pertenencias. Los últimos años entraba al banco con el que ingresaba primero, esperaba a los empleados para que me abrieran la caja sin que suenen las alarmas, les decía agarro el dinero y me voy. Todos mis robos fueron limpios (nadie fue lastimado)”, relata.
En 1991 cayó por tercera y última vez preso. Ya tenía detectado el sida y en 1989 le habían dicho que tenía un año de vida. Cumplió la condena, y 14 años después recuperó la libertad: “Si no hubiera caído preso creo que no estaría vivo. Aun en la cárcel me seguí drogando. No estoy orgulloso de mi pasado, pero no me arrepiento. Uno es lo que ha vivido”.
Las confesiones de un gángster de Barcelona
"Confesiones de un gángster de Barcelona” es una de sus tres novelas autobiográficas, donde cuenta su vida en la delincuencia y en las drogas. “Ha cambiado todo. Hoy hay mucha violencia. La droga influencia mucho, el paco acá hace estragos. Pero el alcohol tiene mucho que ver. La violencia está asociada a la mala educación también, a que no tienen respeto por la vida humana porque ni siquiera respetan la suya. Pero se puede salir, en España doy charlas en cárceles”.
Fue guardaespaldas de Calamaro y Lionel Messi 
​“Cuando salí de la cárcel quería tener una vida normal. Lo difícil no es robar, lo difícil es vivir de trabajar”, dice Dani el Rojo. Por su contextura fisíca y conocimientos lo contrataron para ser guardaespaldas. Trabajó con muchos cantantes en España, entre ellos Andrés Calamaro. Un fin de semana lo contrataron para un trabajo, y cuando llegó se encontró con Lio Messi“Era un chaval pequeñito, no sabía ni manejar pero ya era un crack”, recuerda. Tres o cuatro veces trabajó, con Lio.