Recorriendo las Islas: la otra cara de Malvinas
Mario Markic estuvo una semana en el archipiélago sureño. Caminó por sus playas, visitó lugares clave y se reunió con argentinos que corren un maratón anual.
Me faltaba Malvinas para completar la geografía del país. Después de varios intentos frustrados y antes de que se venga ese tiempo de otoño que en realidad es como de invierno, con temperaturas por debajo del cero y pocas horas de luz, finalmente me di el gusto de conocer las Islas.
Sabía de antemano que la sombra de la guerra siempre está presente, pero como se trata de la primera vez, hice foco en cuestiones domésticas y costumbristas.
Hice lo que haría cualquier viajero. Me fui a las playas—que debo decir, para mi asombro, son fantásticas, aunque si metés un dedo quedás congelado—visité estancias (no me olvido que desde siempre nos dijeron que lo único que allí había eran ovejas) y contraté un guía que me llevó a los lugares clave para entender que valoran los isleños de Puerto Argentino.
Hice lo que haría cualquier viajero. Me fui a las playas—que debo decir, para mi asombro, son fantásticas, aunque si metés un dedo quedás congelado—visité estancias (no me olvido que desde siempre nos dijeron que lo único que allí había eran ovejas) y contraté un guía que me llevó a los lugares clave para entender que valoran los isleños de Puerto Argentino.
Aprendí a sacarme los zapatos antes de entrar a los livings de las casas, pude visitar una casa donde todavía sus dueños usan la turba (que son pedazos de pasto que no llegan a estar totalmente convertidos en carbón) para calefaccionarse y cocinar y me tomé algún trago en uno de los tres pubs: pero con prohibición de filmar, eso sí, por algunos problemas que hubo con argentinos un tiempo atrás.
Yo no tuve problemas, pero los isleños no te tiran flores. Son corteses, pero hasta ahí. Están muy informados sobre lo que pasa en Argentina y si uno les dice que según las Naciones Unidas Inglaterra debe sentarse a hablar de soberanía con Argentina, ellos dicen que "ya no son colonia" y que llevan "nueve generaciones de kelpers viviendo en las islas".
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En Allen aprovechan la carpa desde la carne hasta la piel
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