El Papa Francisco afirmó que la corrupción “es uno de los más grandes males sociales del mundo de hoy, en todos los niveles” y que la Iglesia “debe meterse en la alta política”. Hablando hoy por la tarde a un centenar de magistrados y altos representantes mundiales de una docena de países en la cumbre contra la trata de personas y el crimen organizado, propuso aplicar, según las modalidades de cada país, la praxis italiana “de recuperar los bienes mal habidos de los traficantes y delincuentes para ofrecerlos a la sociedad y, en concreto, para la reinserción de las víctimas”.
Una ley antimafia contra el crimen organizado ha dado en Italia buenos resultados para expropiar los bienes secuestrados, especialmente a las mafias y transferirlos a organizaciones humanitarias y de grupos que los exploten en beneficio social, cuidando sobre todo de insertar a las víctimas en las actividades para facilitar su activa recuperación.
La cumbre tiene lugar en la Casina de Pío IV en los jardines vaticanos, donde tiene su sede la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, cuyo canciller y organizador del encuentro internacional es el arzobispo argentino Marcelo Sanchez Sorondo.
La corrupción, explicó el Papa a jueces y funcionarios, “debilita cualquier gobierno, la democracia participativa y la actividad de la justicia”.
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