La presidente Cristina Fernández ha establecido que el vino sea declarado "Bebida Nacional de los Argentinos". Esto obedece casi seguramente más que a una reflexión, a una estrategia política. Si bien ninguna de las dos son muy coherentes ya que; (piensa poco y de estratega casi nada), seguramente que la segunda es mas aceptable para tratar de retomar las costumbres acorraladas por el consumismo Yanqui de Coca Cola y todas las bebidas parecidas que junto a la cerveza, le quitan protagonismo al vino.
Esta bebida noble y beneficiosa para la salud en su justa medida, ya tubo su protagonismo frente a las bebidas gaseosas allá por 1965. Una enorme campaña publicitaria nacional, pregonaba que se debía beber vino para ser fuerte, y los argentinos tocados por la varita de la provocación ante el débil, hicieron del vino su mejor aliado. Se recuperó la economía vitivinícola, el pueblo se sintió fuerte y superó el rendimiento, las bodegas agradecidas, los viñedos orondos de ser protagonistas y todos contentos. Yo personalmente cuando regreso a mi pueblo de Villa Regina (Patagonia Norte Argentina) me pongo hasta la bandera con dos vinos que adoro en su variedad cabernet suavignón, Uno es el de la "BODEGA FAVRETTO" y el otro es el de la "BODEGA PIRRI SIRACUSA". Estos dos "Viejos conocidos" me alegran los asados y me recuerdan el reclamo desaparecido que decía: "BEBA VINO, LA BEBIDA DE LOS PUEBLOS FUERTES"
Bebe del vino, la herencia de la viña
que aunque jóven la rama, viejo es el tronco
más cuando el grito, se te ponga un poco ronco
¡sacude su ramaje y canta!
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